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Qué hace un divulgador científico: qué habilidades necesita y cómo convertirse en uno desde cero

22 min de lectura·27 de mayo de 2026·Juan David Uribe Taquez

El divulgador científico construye el puente entre el conocimiento riguroso y la curiosidad humana. Esta guía recorre qué hace exactamente este rol, qué competencias requiere en el ecosistema contemporáneo de CTeI y cómo construir el perfil desde cero, tanto si se parte desde la investigación académica como si se llega desde la comunicación.

Equipo de divulgadores científicos trabajando en estrategia editorial: perfil profesional moderno
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En 1954, un joven productor de la BBC viajó a Sierra Leona con una cámara, una mochila y el encargo de filmar animales salvajes para un programa de entretenimiento. David Attenborough tenía veintiocho años, un título en zoología de Cambridge y cero experiencia como presentador o técnicas audiovisuales. Setenta años después, sus documentales han llegado a audiencias estimadas en mil millones de personas, han impulsado legislaciones de protección ambiental en decenas de países y han convertido a criaturas como los pulpos o los tardígrados en protagonistas de conversaciones cotidianas alrededor del mundo.

Attenborough nunca publicó en Nature. Nunca dirigió un laboratorio. Hizo algo cualitativamente distinto y en su campo, igual de transformador, construyó el puente entre el conocimiento científico y la curiosidad humana. Se dedicó a recorrerlo durante siete décadas con rigor, con asombro y con una habilidad narrativa que pocos comunicadores en la historia han igualado.

Su trayectoria ilustra claramente lo que la academia latinoamericana aún, en pleno Siglo XXI, procesa con dificultad. El divulgador científico es un rol con identidad propia, con funciones específicas y con un impacto social que va más allá de lo que cualquier revista indexada puede llegar a medir. Históricamente, los científicos académicos fueron desalentados de dedicar tiempo a la comunicación pública, pero esa tendencia ha comenzado a cambiar, quienes financian la investigación han elevado sus expectativas respecto al impacto de los investigadores fuera de las publicaciones académicas.

Ese cambio tiene consecuencias prácticas inmediatas. Un grupo de investigación que solo publica construye autoridad dentro de su comunidad disciplinar, pero uno que a parte divulga construye algo de otra naturaleza:

Construye una entidad reconocible en el ecosistema digital, con presencia semántica en los canales donde viven las personas que podrían beneficiarse de ese conocimiento.

·Juan David Uribe Taquez

En el entorno actual, donde los sistemas de inteligencia artificial median cada vez con mayor frecuencia la relación entre una pregunta y su respuesta, esa presencia semántica determina si una investigación existe para el mundo o permanece encapsulada en un repositorio que nadie visita.

Este artículo responde tres preguntas en orden:

  • ¿Qué hace exactamente un divulgador científico?
  • ¿Qué competencias requiere ese rol en el ecosistema contemporáneo de CTeI?
  • ¿Cómo construir ese perfil desde cero, tanto si se parte desde la investigación académica como si se llega desde la comunicación?

La guía está pensada para…

  • investigadores que quieren que su trabajo trascienda el paper.
  • comunicadores que quieren especializarse en ciencia.
  • instituciones académicas que entiendan que divulgar conocimiento es también una forma de hacer ciencia.

Qué hace exactamente un divulgador científico

Cuando Minciencias convocó en 2023 el primer Encuentro Nacional de Divulgadores Científicos bajo la etiqueta #TodoEsCiencia, la ministra Yesenia Olaya Requene pronunció una frase que acotó con exactitud el peso político de este rol:

En un momento histórico donde estamos reinventando los canales de comunicación, el papel de los divulgadores es de gran importancia para el país, porque con su rol cotidiano de construir, socializar y tender puentes entre la ciencia, la información y la opinión pública, también están aportando en la construcción de un pensamiento crítico.

·Yesenia Olaya Requene

Una frase institucional, sí, pero que señala algo que la literatura académica lleva décadas documentando; el divulgador científico tiene una función social que va bastante allá de la producción de contenido. El problema es que esa función rara vez se define a niveles de detalle.

En el ecosistema académico latinoamericano, el divulgador científico suele ser una figura difusa:

  • A veces es el investigador que escribe una columna de opinión.
  • A veces es el comunicador institucional que redacta boletines de prensa.
  • A veces es el creador de contenido que hace videos de ciencia en YouTube.

Todos divulgan. Pero el rol, entendido como una práctica con identidad, competencias y objetivos propios, sigue siendo invisible en la mayoría de los organigramas universitarios y en los criterios de evaluación de Minciencias.

La comunicación científica comprende un amplio grupo de personas:

  • Expertos científicos
  • Periodistas de ciencia
  • Comunicadores
  • Escritores
  • Educadores

Entre otros, y sus objetivos van desde informar a audiencias no especializadas sobre hallazgos científicos, elevar la conciencia pública sobre la ciencia, influir en actitudes y comportamientos, informar políticas públicas y vincular comunidades diversas alrededor de problemas sociales (Science Late, 2023). Esa pluralidad es real y valiosa, pero convierte al divulgador en un término paraguas que a veces cubre demasiado y delimita poco.

Para efectos prácticos, conviene establecer una definición operativa:

InvestigadorPeriodista científicoDivulgador científico
Función centralProducir y validar conocimiento nuevoInformar sobre hechos científicos de actualidadTraducir conocimiento hacia audiencias sin formación especializada
Audiencia principalPares disciplinares dentro de la comunidad científicaPúblico general con urgencia informativaCiudadanos, comunidades, tomadores de decisiones
PropósitoAmpliar el cuerpo de conocimiento verificableInformar con criterio periodístico y noticiabilidadConstruir cultura científica sostenida en el tiempo
Lógica temporalLargo plazo; el conocimiento se acumula en publicacionesInmediata; responde al ciclo noticiosoSostenida; construye comprensión capa a capa
Canal típicoRevistas indexadas, congresos académicosMedios de comunicación, agencias de prensaBlog, podcast, redes, video, eventos de apropiación social
Formación de origenDisciplina científica específicaPeriodismo con especialización en cienciaCiencia, comunicación o ambas en combinación

El divulgador científico tiene un rol propio con lógica propia

La tentación frecuente en entornos académicos es pensar que divulgar ciencia es una actividad accesoria que cualquier investigador puede hacer en sus ratos libres, sin formación específica y sin recursos adicionales. Esa percepción explica en buena medida por qué los boletines institucionales de tantas universidades en Latam son tan parecidos entre sí y tan poco leídos fuera de sus propias comunidades. La razón es que fueron producidos por personas que saben mucho de su campo científico y poco sobre cómo funciona la atención de una audiencia no especializada.

Las actividades de comunicación científica pueden cumplir funciones diversas: informar sobre un tema, discutir posibles soluciones a un problema, abogar por un cambio de política pública o corregir la desinformación. El primer paso de cualquier actividad de comunicación científica es establecer cuál es el objetivo último de esa comunicación (Frontiers, 2025). Esa claridad de propósito es precisamente lo que distingue al divulgador con oficio del investigador que divulga de forma intuitiva. El segundo conoce su ciencia, el primero conoce su ciencia y conoce a su audiencia, y sabe que la distancia entre ambos territorios requiere un diseño deliberado, herramientas específicas y una práctica sostenida.

El rol del divulgador científico tampoco es equivalente al del periodista de ciencia, aunque ambos compartan la orientación hacia audiencias amplias. El objetivo del periodista es informar a la sociedad sobre lo que ocurre y explicarlo para hacerlo comprensible; el divulgador, en cambio, opera bajo una lógica educativa de largo aliento que busca construir cultura científica de forma sostenida, fuera del marco de la enseñanza formal (Brownell, Price & Steinman, 2013). El periodista trabaja con la urgencia de la noticia. El divulgador trabaja con la paciencia de quien construye comprensión.

Profesional trabajando en producción de contenido científico: labor del divulgador
El divulgador combina rigor disciplinar y oficio comunicativo.

La Universidad Pontificia Bolivariana, a través de su equipo de Divulgación Científica y Comunicaciones de la Vicerrectoría de Investigación, describe esta distinción en sus documentos institucionales. El divulgador acompaña ideas y proyectos de investigación con un enfoque de comunicación pública de la ciencia, promoviendo la interpretación y popularización del conocimiento generado desde semilleros, grupos de investigación y unidades de transferencia hacia la comunidad académica y el público en general. Esa función de acompañamiento, que supone escuchar al investigador, entender su hallazgo, diseñar el vehículo comunicativo adecuado y distribuirlo con criterio estratégico es un trabajo profesional que requiere formación, tiempo y recursos propios.

Las funciones concretas de un divulgador científico en el ecosistema actual de CTeI

El campo de acción del divulgador científico contemporáneo es sustancialmente distinto al de hace veinte años. La proliferación de plataformas digitales, la irrupción de los sistemas de inteligencia artificial como mediadores de la búsqueda de información y la consolidación de los creadores de contenido como figuras de autoridad pública han transformado tanto los formatos disponibles como las exigencias del rol.

En términos concretos, un divulgador científico en el ecosistema actual produce artículos de divulgación en formatos digitales optimizados para la búsqueda; desarrolla guiones para podcasts, videos y formatos audiovisuales; adapta resultados de investigación en piezas para redes sociales con distintos registros según la plataforma; colabora con periodistas científicos para facilitar el acceso a investigadores y hallazgos verificables; diseña estrategias de comunicación para grupos de investigación e instituciones académicas; y gestiona la presencia digital del investigador como entidad semántica reconocible en el ecosistema informativo.

Esta última función merece atención especial. En el entorno actual, donde los sistemas de inteligencia artificial generativa procesan millones de consultas diarias sobre temas científicos, la presencia semántica de un investigador o un grupo de investigación en el ecosistema digital determina si sus hallazgos aparecen o quedan ausentes en las respuestas que estos sistemas producen.

La comunicación pública de la ciencia tiene un proceso intencionado que busca visibilizar las investigaciones en un nivel amplio, complejo y comprensivo, y el divulgador resulta fundamental en el proceso de establecer puentes entre el conocimiento especializado del investigador y las herramientas y métodos del comunicador para transmitir ese trabajo a distintos niveles (Los Creativos, 2026).

Eso significa que el divulgador científico del siglo XXI tiene una función adicional que sus predecesores del siglo XX nunca tuvieron: construir la estrategia digital necesaria que permite que una investigación sea reconocida, citada y recomendada por sistemas que procesan información a escala masiva. Un artículo bien escrito y bien distribuido, un perfil de investigador optimizado en plataformas académicas y profesionales, una red de menciones coherentes en distintos canales donde cada pieza de ese ecosistema es una señal. Y la densidad acumulada de esas señales determina si una entidad científica existe en el ecosistema digital o permanece invisible.

Qué habilidades necesita un divulgador científico

Hannah Fry, profesora de Comprensión Pública de las Matemáticas en la Universidad de Cambridge y una de las divulgadoras científicas más influyentes del mundo anglosajón, hizo algo aparentemente sencillo en su charla TED de 2014 sobre las matemáticas del amor, donde tomó ecuaciones diferenciales y modelos estadísticos de teoría de juegos y los convirtió en respuestas a preguntas que cualquier persona se ha hecho alguna vez sobre sus relaciones amorosas.

VideoCharla TED citada en el artículo como ejemplo de traducción científica hacia preguntas cotidianas. Abrir en YouTube

El vídeo acumula hoy más de cinco millones de visualizaciones. Fry tiene un doctorado en dinámica de fluidos, publica en revistas académicas y da conferencias en foros de política pública. Pero lo que la convierte en una divulgadora excepcional no es su credencial científica, sino su capacidad de ver el mismo objeto desde dos perspectivas simultáneas, de una lado la del investigador que conoce la estructura del fenómeno y, de otro, la del oyente que quiere entender algo de su propia vida.

Esa doble visión es la competencia central del divulgador. Los practicantes del campo tienden a enfocarse en la adquisición de habilidades específicas de comunicación, entre las que se destacan el entrenamiento en comunicación visual, la producción de videos y podcasts, y el manejo del relato narrativo, aunque estas difieren de las habilidades que los científicos típicamente buscan desarrollar, que suelen centrarse en el lenguaje llano y la comunicación presencial. Esa diferencia señala que la formación en divulgación no es la formación científica de siempre con un curso de escritura añadido al final, es un perfil de competencias con su propia arquitectura.

1. Dominio del contenido científico: saber de qué se habla

La primera condición del divulgador es entender el conocimiento que va a comunicar. Esto no exige que sea un especialista en cada campo que aborde, pero sí que tenga suficiente rigor para distinguir entre un hallazgo consolidado y una hipótesis preliminar, entre una correlación estadística y una relación causal, entre el consenso científico y el debate abierto dentro de una disciplina.

Para comunicar con eficacia, los científicos y comunicadores deben considerar cuatro dimensiones al producir cualquier pieza:

  • La audiencia a quien se dirige
  • El propósito que persigue
  • El formato que adopta
  • La significancia del hallazgo dentro de la narrativa de esa investigación.

Así lo señala Julius Weshe en la serie de podcast Science Communication Accelerator. Ignorar cualquiera de esas dimensiones produce contenido que, aunque técnicamente impecable, llega sin efecto al receptor.

El dominio del contenido también tiene una dimensión ética que el divulgador responsable asume de forma explícita porque debe representar el conocimiento con fidelidad, señalar sus límites, citar sus fuentes y distinguir entre lo que la ciencia sabe, lo que conjetura y lo que todavía investiga. Randy Olson, biólogo marino y cineasta de divulgación, lo resume en su libro Don't Be Such a Scientist con una advertencia dirigida a sus propios colegas: las historias que cuentan los científicos al público deben ser persuasivas y efectivas, pero también exactas respecto a la ciencia contemporánea, y ese reto adicional hay que asumirlo sin rodeos.

2. Capacidad narrativa: convertir datos en experiencias

La segunda competencia es la que con mayor frecuencia separa al divulgador eficaz del que simplemente informa. Dominar el arte del relato, usar lenguaje accesible y desarrollar un estilo de presentación que mantenga la atención son habilidades esenciales para la comunicación científica efectiva, porque permiten simplificar conceptos complejos haciéndolos comprensibles e interesantes para el público en general.

Narrar, en el contexto de la divulgación, significa encontrar el hilo humano dentro del dato científico. Significa preguntarse qué pregunta respondió esa investigación, qué le importa de esa respuesta a alguien que vive lejos de un laboratorio, qué imagen o analogía activa en el oyente una comprensión que las cifras solas nunca producirían. David Attenborough lleva siete décadas demostrando que una descripción del ciclo reproductivo de un pulpo puede ser tan absorbente como una serie televisiva, siempre que el narrador sepa dónde está la tensión dramática dentro del proceso biológico.

Esta habilidad se entrena. La Universidad de Chicago ofrece un certificado en Science Communication & Storytelling diseñado para investigadores STEM que incluye la producción de una nota periodística de ochocientas palabras, un video de un minuto para redes sociales y una presentación de tres minutos para audiencias sin formación científica, todo sobre el mismo hallazgo de investigación. El ejercicio ilustra algo que los buenos divulgadores aprenden tarde o temprano: el mismo conocimiento exige traducciones distintas según el canal, la audiencia y el tiempo disponible. Saber cuál aplica en cada contexto es, en sí misma, una destreza técnica.

3. Alfabetización digital y presencia semántica: existir donde te buscan

La tercera competencia es la que el ecosistema contemporáneo exige y que los modelos formativos tradicionales en divulgación todavía subestiman. Un divulgador que produce contenido riguroso y bien narrado, pero lo publica en un blog sin estructura semántica, en redes sin estrategia de distribución y en plataformas donde su identidad digital es inconsistente o invisible, genera señales débiles en el ecosistema informativo. Y las señales débiles producen ausencia.

Una ventaja significativa de crear historias digitales visualmente atractivas, imágenes y videos cortos es que se comparten con facilidad en redes sociales, lo que permite personalizar el contenido para la audiencia objetivo, construir reconocimiento y, con una ejecución eficaz, motivar a los seguidores a redistribuir esa comunicación. Pero la redistribución espontánea es solo una parte del proceso. La otra parte, que requiere decisión estratégica, es construir una presencia semántica coherente alrededor de la entidad del divulgador.

En la práctica, esto significa que el divulgador comprende cómo funciona el marcado semántico de un artículo, qué distingue un perfil optimizado de uno abandonado, cómo se construyen relaciones de autoridad entre plataformas y por qué la consistencia del vocabulario a través de distintos canales determina si los sistemas de inteligencia artificial reconocen a esa entidad como referente de un campo temático. Cada pieza bien distribuida es una señal. La suma de señales coherentes construye visibilidad duradera, sobre todo en agentes de IA.

4. Escucha activa y comprensión de audiencias: hablarle a alguien real

La cuarta competencia es la que con mayor facilidad se omite cuando el divulgador proviene del mundo académico. El investigador está habituado a producir conocimiento para una comunidad que comparte sus marcos conceptuales; el ajuste natural es hablar desde lo que sabe hacia quienes también lo saben. Trasladar esa lógica a la divulgación produce contenido que habla sobre la audiencia en lugar de hablarle a ella.

Antes de cualquier actividad de comunicación científica, el comunicador debe establecer cuál es su objetivo último, porque las funciones posibles son distintas: informar, discutir soluciones a un problema, abogar por un cambio de política o corregir la desinformación. El objetivo determina el enfoque, el tono y los argumentos que hacen que el mensaje llegue (Frontiers, 2025).

Conocer a la audiencia significa entender qué preguntas le importan, qué vocabulario maneja, qué analogías resuenan en su experiencia cotidiana y qué nivel de incertidumbre está dispuesta a tolerar. Significa también comprender que una audiencia de vicerrectores de investigación procesa un hallazgo científico de forma radicalmente distinta a una audiencia de padres de familia preocupados por la educación de sus hijos adolescentes, aunque el hallazgo sea el mismo. El divulgador que domina esta habilidad produce contenido que sus lectores o espectadores sienten escrito para ellos, aunque llegue a miles de personas al mismo tiempo.

Los perfiles del divulgador científico: hay muchos caminos, todos válidos

Una de las barreras más frecuentes que enfrenta quien quiere dedicarse a la divulgación científica es la idea de que existe un perfil único y correcto para ejercerla. La imagen dominante como investigador con doctorado que un día decide escribir para el público general, es solo una entre varias trayectorias reales que el campo alberga.

El campo de la divulgación científica incluye perfiles tan distintos como el periodista científico, el comunicador institucional, el coordinador de proyectos de apropiación pública, el gestor de redes sociales científicas y el escritor especializado en comunicación técnica o médica. Entender esa diversidad importa porque determina cómo cada persona debe construir su entrada al campo.

1. El investigador que divulga su propio trabajo

Es quizás el perfil con mayor potencial de impacto y también el que enfrenta las resistencias institucionales más arraigadas. Un número creciente de científicos, especialmente entre los investigadores jóvenes, ha expresado interés genuino en relacionarse con el público a través de redes sociales y eventos presenciales, aunque todavía perciben barreras institucionales significativas para hacerlo (Marca país, 2024). Esas barreras son reales y conocidas: los sistemas de evaluación académica raramente reconocen la divulgación como producción legítima, y el tiempo que requiere comunicar bien es tiempo que compite directamente con la escritura de papers.

Javier Santaolalla, físico de partículas que participó en los experimentos del Gran Colisionador de Hadrones del CERN, tomó en 2014 una decisión que su entorno académico recibió con escepticismo pues abandonó la investigación formal para dedicarse por completo a la divulgación en YouTube, TikTok e Instagram. En una conversación con investigadores de la Universidad de Valencia, describió su competencia central en la capacidad de síntesis de ideas, de llegar a los elementos clave de un concepto y traducirlos sin que pierdan su esencia. No la velocidad mental ni la memoria enciclopédica. La síntesis.

El investigador que divulga su propio trabajo parte con una ventaja que ningún otro perfil tiene: ¡la autoridad de primera fuente! Conoce los matices del hallazgo, sabe qué está consolidado y qué todavía está en discusión, puede responder preguntas que ningún intermediario respondería con la misma profundidad. Su reto es técnico y cultural al mismo tiempo, dado que aprende a traducir sin simplificar y vencer la resistencia de un sistema que durante décadas le enseñó que hablarle al público general era una actividad de segundo orden.

2. El comunicador especializado en ciencia

Este perfil llega al campo desde la comunicación, el periodismo o las humanidades, y construye su autoridad a través de la especialización temática sostenida. Su fortaleza reside en el oficio narrativo, sabe estructurar una historia, conoce los ritmos de atención de distintos formatos y maneja los géneros comunicativos con una destreza que los investigadores tardan años en desarrollar. Su tarea principal es aprender suficiente ciencia para distinguir lo sustancial de lo accesorio en un hallazgo, y para hacerle las preguntas correctas al investigador que es su fuente.

Los periodistas y escritores con formación científica avanzada, incluyendo aquellos con doctorado, encuentran demanda en publicaciones de alto perfil como Science, Nature y PNAS, en medios biomédicos especializados, en instituciones federales como los Institutos Nacionales de Salud y en iniciativas como la NASA, que ejecuta proyectos de divulgación entre los más sistemáticos del mundo.

El camino hacia ese nivel de especialización pasa por la acumulación de cobertura temática consistente, el desarrollo de una red de fuentes confiables y la construcción de un portafolio que funcione como evidencia de competencia ante editores e instituciones.

3. El divulgador institucional: universidades, vicerrectorías y grupos de investigación

Este es el perfil que con mayor frecuencia existe en las universidades latinoamericanas sin que su función esté definida con precisión ni reconocida con recursos suficientes. Las oficinas de comunicación universitarias son responsables de comunicar la investigación de sus académicos hacia medios y público general, y pueden denominarse de distintas formas: oficina de prensa, comunicaciones institucionales u oficina de relaciones con medios. Los equipos de comunicación digital de organizaciones científicas también incluyen personal dedicado a gestionar el contenido web y las redes sociales.

El divulgador institucional tiene un reto específico que los otros perfiles comparten en menor grado. Opera al servicio de una entidad como la vicerrectoría, el grupo de investigación o el laboratorio, que tiene objetivos comunicacionales distintos a los del investigador individual y a los del comunicador independiente. Su trabajo combina el oficio narrativo con la sensibilidad política para entender qué necesita visibilizarse, qué hallazgo justifica una pieza propia, qué proyecto requiere acompañamiento sostenido y cómo se relaciona la voz de cada investigador con la voz institucional.

4. El creador de contenido independiente

Este perfil aún tiene escasa presencia en los organigramas académicos, pero su autoridad pública crece con cada año que pasa. Es el divulgador que no responde a una institución académica ni a un medio de comunicación consolidado, y que sin embargo construye una audiencia genuina alrededor de su capacidad de explicar la ciencia. Su autoridad la produce el propio contenido, la consistencia, la calidad y la capacidad de sostener una comunidad de personas que regresan porque algo les resulta valioso en cada pieza.

Faber Burgos, colombiano licenciado en Lenguas Modernas, construyó uno de los proyectos de divulgación científica con mayor alcance en Colombia sin un título en ciencias. Su entrada al campo ocurrió en septiembre de 2020, cuando lanzó un globo meteorológico con una sonda a la estratósfera con elementos caseros. El dispositivo llegó a treinta kilómetros de altura, captó en una misma imagen el Sol y la Luna, y la fotografía que Faber incluyó en la sonda se convirtió en el primer selfie colombiano en esa capa planetaria.

El video generó un alcance que ningún paper sobre meteorología habría producido. Desde entonces, la NASA lo reconoció como ciudadano científico, participó en la búsqueda de asteroides con la organización IASC y fue seleccionado por Space for Humanity para experimentar ingravidez, convirtiéndose en el primer creador de contenido colombiano en hacerlo.

Su trayectoria ilustra algo que la investigación académica sobre divulgación ha tardado en reconocer: los YouTubers y creadores digitales individuales exhiben estrategias narrativas y discursivas que resultan más eficaces para construir audiencias que los canales universitarios e institucionales, y esa brecha de eficacia señala la necesidad de que las universidades incorporen las lógicas de los creadores en su propia comunicación científica.

Los cuatro perfiles comparten una condición de fondo que ninguno puede omitir sobre la construcción de una entidad reconocible en el ecosistema digital exige coherencia semántica a través del tiempo.

  • Un investigador que publica esporádicamente
  • Un comunicador sin presencia consolidada en ninguna plataforma
  • Una institución con perfiles inconsistentes
  • Un creador que cambia de tema cada semana

Los cuatro generan señales dispersas que los sistemas de búsqueda y los agentes de inteligencia artificial procesan como ruido. La identidad del divulgador en el ecosistema contemporáneo se construye con la misma lógica que la identidad de cualquier entidad que aspira a ser reconocida; con presencia sostenida, vocabulario temático consistente y señales distribuidas que se refuercen mutuamente.

Cómo convertirse en divulgador científico desde cero: guía de seis pasos

La divulgación científica es una práctica que cualquier investigador puede construir de forma intencional en cualquier etapa de su carrera, aunque pocas veces recibimos orientación sobre cómo hacerlo. La formación en escritura suele aparecer de forma esporádica como en un curso de pregrado o en un taller de redacción, pero casi siempre atada a géneros académicos tradicionales. Lo que falta en la mayoría de los programas de doctorado es una ruta que trate la comunicación como una práctica que se desarrolla en el tiempo, a través de audiencias y contextos distintos. Esta guía traduce ese proceso en pasos concretos. Cada uno construye sobre el anterior.

Paso 1. Define tu entidad y tu territorio temático

El primer movimiento es de identidad, y tiene consecuencias técnicas inmediatas. Antes de producir cualquier pieza de contenido, el divulgador necesita responder una pregunta: ¿qué entidad va a construir y sobre qué territorio temático va a ejercer autoridad? Una entidad puede ser una persona (el investigador, el comunicador) o una institución (el grupo de investigación, la vicerrectoría, el laboratorio). El territorio temático es el campo de conocimiento que esa entidad va a habitar de forma sostenida.

Un grupo de investigación en epidemiología de enfermedades tropicales tiene su territorio definido por su propia producción científica. Un comunicador que entra al campo desde las humanidades necesita elegir una especialización temática y mantenerse en ella el tiempo suficiente para que el ecosistema digital lo asocie con ese campo.

El primer paso en cualquier estrategia de comunicación científica es identificar los objetivos. Los objetivos de corto plazo incluyen generar conciencia sobre un tema y hacer a la ciencia, y a los científicos, más cercanos al público. Los objetivos de largo plazo abarcan construir confianza, influir en políticas públicas, mejorar la investigación y abrir un diálogo sostenido con la sociedad. Sin esa claridad de propósito, el contenido se produce sin rumbo y las señales que genera se dispersan sin reforzarse mutuamente.

El vocabulario semántico con el que el divulgador describe su territorio también importa desde el primer día. Las mismas palabras que usa en un artículo de blog deben aparecer en su perfil de LinkedIn, en su descripción de Google Scholar, en los títulos de sus episodios de podcast y en las etiquetas de sus videos. Esa consistencia léxica es lo que permite que los sistemas de búsqueda e inteligencia artificial asocien la entidad con el campo temático al que pertenece.

Paso 2. Elige los formatos según tu audiencia y tus recursos

El ecosistema de formatos disponibles para divulgar ciencia nunca fue tan amplio como hoy, y esa abundancia puede paralizarse si no se parte de criterios claros. El criterio no es cuál formato está de moda, sino cuál combina la preferencia de tu audiencia con tus recursos reales y tus fortalezas comunicativas.

El tipo de carrera en divulgación que resulta adecuado para cada persona depende de la audiencia que quiere alcanzar. ¿Es el público general, los médicos, los investigadores, los tomadores de decisiones o los inversionistas? También depende del formato de comunicación que esa audiencia prefiere y del que el comunicador puede producir con calidad sostenida.

Un investigador con facilidad para la escritura y tiempo limitado puede empezar con un artículo mensual en un blog bien estructurado. Uno con habilidades orales y acceso a colaboradores puede producir un podcast trimestral con otros investigadores de su campo. Un grupo institucional con recursos puede combinar ambos formatos y añadir video. La regla práctica es la consistencia, un formato producido constantemente y de calidad genera señales más fuertes que cuatro formatos abandonados a los tres meses por falta de tiempo o recursos.

Paso 3. Construye tu presencia semántica en el ecosistema digital

Este paso transforma la identidad definida en el primero en una arquitectura de señales verificable. Construir un portafolio digital sólido es indispensable para cualquier carrera en divulgación. Este portafolio puede incluir piezas de escritura científica, vídeos, podcasts o presentaciones que demuestren la capacidad de convertir ideas complejas en contenido significativo y comprensible para una audiencia específica.

En términos prácticos, esto significa actualizar y unificar la presencia en todas las plataformas donde la entidad debería existir. Para un investigador: Google Scholar, ORCID, ResearchGate y LinkedIn con el mismo vocabulario semántico, los mismos campos temáticos y los mismos descriptores. Para un comunicador institucional: el sitio web de la vicerrectoría o del grupo de investigación, con perfiles de investigadores completos, publicaciones de divulgación actualizadas y metadatos correctos.

Cada perfil activo y coherente es una señal. Cada señal refuerza la presencia de la entidad en el ecosistema donde los sistemas de inteligencia artificial construyen sus respuestas. Una investigación con un investigador principal identificable, afiliación institucional verificable, artículos de divulgación enlazables y menciones en medios externos tiene una densidad de señales que los sistemas de IA pueden procesar y citar.

Paso 4. Publica con consistencia y construye densidad de señales

La consistencia es la variable que más frecuentemente distingue a los divulgadores que construyen audiencia real de los que producen piezas aisladas que generan pocas señales duraderas. Publicar un artículo excelente cada tres meses produce señales más fuertes que publicar cinco artículos en una semana y guardar silencio durante seis meses.

Un portafolio de comunicación diverso y coordinado es una ventaja estratégica al combinar distintos formatos como blog, redes sociales, eventos presenciales o colaboraciones con medios, hacia los mismos objetivos y la misma audiencia produce un efecto de refuerzo mutuo que ningún formato aislado puede replicar. La clave está en la coordinación, no en la multiplicación descontrolada de canales (ResearchGate, 2025).

Cada pieza nueva que se publica debe enlazar a las anteriores. Cada perfil actualizado debe citar las publicaciones recientes. Cada aparición en un medio externo debe quedar documentada en el sitio propio. Esa trama de referencias internas y externas es lo que construye autoridad semántica en el tiempo, la clase de autoridad que los sistemas de búsqueda y los agentes de inteligencia artificial reconocen como señal de referencia dentro de un campo temático.

Paso 5. Conéctate con redes, comunidades y plataformas de divulgación

Ningún divulgador construye presencia en soledad. Las redes de comunicación científica son ecosistemas donde las señales de unos refuerzan las señales de otros, y la participación activa en ellas acelera la construcción de visibilidad.

La Universidad de California en San Francisco orienta a sus investigadores en formación hacia organizaciones como la National Association of Science Writers, programas de comunicación científica en MIT, Boston University y UC Santa Cruz, y fellowships competitivos como el Mass Media Science & Engineering Fellowship de la AAAS. En Colombia, la red de divulgadores de Minciencias, los encuentros de comunicación pública de la ciencia organizados por universidades como la Universidad de Antioquia y la Universidad Nacional y las comunidades de investigadores activos en redes digitales son puntos de entrada al ecosistema local.

Participar en esas comunidades produce señales de co-autoría: menciones, citas, colaboraciones y referencias que provienen de entidades distintas a la propia. Ese tipo de señal tiene un peso especial en los sistemas de reconocimiento contemporáneos porque indica que la entidad es reconocida por otras entidades dentro del mismo campo, lo que refuerza su autoridad semántica de manera orgánica.

Paso 6. Mide el impacto real de tu divulgación

Medir el impacto de la divulgación exige ir bastante allá de las métricas de vanidad: seguidores, visitas y "me gusta" describen exposición, pero rara vez describen comprensión, cambio de actitud o acción informada.

Definir con precisión qué se quiere lograr con cada acción comunicativa es lo que hace posible medir si ese objetivo se cumplió. Antes de publicar cualquier pieza, el divulgador debe poder responder qué quiere que su audiencia sepa, piense o haga diferente después de leerla o escucharla (ResearchGate, 2025). Esa respuesta determina qué se mide: tiempo de lectura, preguntas recibidas, menciones en otros medios, descarga de un recurso, solicitudes de colaboración, citas en documentos de política pública.

En el ecosistema digital contemporáneo, una métrica adicional adquiere peso estratégico creciente con las apariciones en respuestas de sistemas de inteligencia artificial. Cuando una búsqueda sobre un tema científico específico produce una respuesta generativa que menciona a un investigador o cita una institución, esa aparición refleja el nivel de densidad semántica que esa entidad ha construido en el ecosistema. Rastrear esas apariciones con herramientas de monitoreo de menciones en IA es hoy una forma concreta de medir si la estrategia de divulgación está traduciendo conocimiento científico en presencia reconocible fuera del sistema académico.

Errores frecuentes al intentar convertirse en divulgador científico

1. Escribir para los pares en lugar de escribir para la audiencia

El error más arraigado en investigadores que intentan divulgar. El texto reproduce la estructura del paper: antecedentes, metodología, resultados, discusión. El lenguaje conserva la densidad técnica del artículo académico. El receptor que carece de ese vocabulario abandona la lectura en el segundo párrafo. La pregunta es ¿qué necesita saber esta persona específica para entender por qué este hallazgo le importa a su vida?

2. Confundir la cantidad de canales con la efectividad

Abrir perfiles simultáneos en ocho plataformas sin capacidad de mantener ninguna produce presencia aparente y señales débiles. Un blog abandonado, un podcast con tres episodios y un perfil de LinkedIn sin actividad desde 2021 construyen una identidad digital fragmentada que los sistemas de búsqueda e inteligencia artificial leen como una entidad inactiva. Dos canales sostenidos con consistencia y calidad producen densidad de señales superior a ocho canales descuidados.

3. Publicar sin estructura semántica

Un artículo bien escrito que vive en una página sin metadatos correctos, sin encabezados estructurados, sin vocabulario temático consistente y sin enlaces internos y externos verificables tiene alcance orgánico mínimo. El contenido y la arquitectura técnica son las dos mitades del mismo acto. Publicar sin esa capa es escribir con tinta invisible.

4. Sensacionalizar el hallazgo para ganar atención

La presión por generar alcance lleva a titular con afirmaciones que el propio estudio no sostiene. "Científicos descubren la cura del Alzheimer" cuando el paper reporta resultados preliminares en modelos animales es el ejemplo clásico. Ese tipo de titular genera clics en el corto plazo y destruye credibilidad en el largo. La divulgación responsable distingue con precisión entre lo que la evidencia demuestra, lo que sugiere y lo que todavía investiga.

5. Tratar cada pieza de contenido como un evento aislado

Una nota de prensa sobre un hallazgo, un artículo de blog sobre el mismo tema y una entrevista en podcast con el investigador principal son tres piezas que deberían enlazarse, citarse mutuamente y reforzar la misma entidad semántica. Cuando cada pieza vive en su propio silo sin conexión con las demás, el efecto acumulativo que construye autoridad desaparece. El posicionamiento digital se construye con la trama de referencias entre piezas, plataformas y entidades, no con la producción paralela de contenidos que nunca se tocan.

6. Publicar y desaparecer

La divulgación que termina cuando el contenido se publica desperdicia su mayor activo: la conversación que ese contenido puede generar. Responder preguntas, incorporar correcciones cuando la audiencia señala imprecisiones y citar a quienes referencian el contenido produce señales de resonancia que amplían la presencia semántica de la entidad y construyen el tipo de confianza que ningún algoritmo reemplaza.

7. Esperar el momento perfecto para empezar

El perfeccionismo académico, la misma exigencia que produce ciencia rigurosa, se convierte en parálisis cuando se aplica a la divulgación. El investigador que espera tener el formato ideal, el canal correcto y el tiempo suficiente antes de publicar su primera pieza suele esperar años. La calidad se desarrolla en la práctica. La primera pieza tiene que existir, no tiene que ser perfecta.

8. Asumir que la institución divulgará por el investigador

Las oficinas de comunicación universitarias tienen recursos limitados, criterios editoriales propios y múltiples investigadores a quienes atender. Delegar completamente la visibilidad del propio trabajo en el área de comunicaciones institucional produce dependencia y escasa visibilidad digital. Los investigadores con mayor visibilidad en sus campos combinan la comunicación institucional con su propia presencia semántica construida de forma autónoma y sostenida.

Preguntas frecuentes sobre el rol del divulgador científico

¿Necesito un título universitario para ser divulgador científico?

Un título universitario ayuda pero no determina el resultado. Lo que determina la competencia del divulgador es la combinación de conocimiento científico sólido y habilidad comunicativa probada. Expertos de la Universidad de California en Davis que trabajan en comunicación científica señalan que cubrir temas de ciencia y tecnología exige reportería efectiva y escritura sólida antes que un título específico; lo que resulta imprescindible es un fundamento suficiente en ciencia para leer, interpretar y contextualizar hallazgos con rigor. El portafolio de piezas publicadas habla con más autoridad que el nombre del título.

¿Qué diferencia hay entre un divulgador científico y un periodista científico?

El periodista científico trabaja bajo la lógica de la noticiabilidad: informa sobre hechos recientes con criterios editoriales de inmediatez, relevancia y verificación periodística. El divulgador opera en la lógica de la cultura científica sostenida: construye comprensión en el tiempo, fuera del ciclo noticioso, con el propósito de enriquecer el vínculo de la sociedad con el conocimiento científico. Ambos roles se complementan y con frecuencia convergen en la misma persona, pero parten de lógicas y objetivos distintos.

¿Puede un investigador ser su propio divulgador?

Puede, y con frecuencia produce los mejores resultados cuando lo hace, porque combina la autoridad de primera fuente con la perspectiva de quien conoce el hallazgo desde adentro. El reto es técnico y cultural al aprender a traducir sin simplificar, sostener una presencia digital consistente y vencer la resistencia de un sistema académico que históricamente subestimó ese trabajo. Investigadores de la Universidad de Utah señalan que los científicos suelen reconocer tarde en su carrera que una parte sustancial de su trabajo consiste en comunicarse con audiencias sin formación científica, algo para lo que su formación doctoral rara vez los preparó.

¿Qué plataformas son mejores para empezar a divulgar ciencia?

La respuesta depende de tres variables: la audiencia que se quiere alcanzar, el formato que el divulgador puede sostener con calidad y el tipo de conocimiento que se quiere comunicar. Un blog bien estructurado es el punto de partida con mayor retorno a largo plazo porque construye presencia semántica indexable y duradera. LinkedIn es la plataforma con mayor densidad de tomadores de decisiones, investigadores y profesionales que se benefician del conocimiento científico. YouTube y los podcasts son los formatos con mayor capacidad de construir comunidad sostenida alrededor de un campo temático. TikTok e Instagram generan alcance rápido pero señales semánticas más débiles en términos de autoridad digital.

¿Cómo saber si mi divulgación está funcionando?

Las métricas de vanidad como seguidores, visitas y reproducciones miden exposición, no impacto. Las señales que indican que la divulgación está funcionando son de otra naturaleza. Menciones verificables en otros medios, solicitudes de colaboración o entrevista por parte de periodistas o instituciones, empresarios interesados, citas en documentos de política pública, apariciones en respuestas de sistemas de inteligencia artificial cuando se consulta el campo temático del divulgador, y evidencia de que la audiencia tomó decisiones informadas o cambió su comprensión sobre un tema a partir del contenido. La Universidad de Maryland señala que las ocupaciones en medios y comunicación proyectan crecimiento sostenido hasta 2033, con un promedio de cien mil nuevas vacantes anuales en el sector, lo que indica que la demanda por divulgadores formados y verificables está en expansión.

¿La divulgación científica afecta las métricas de citación de un paper?

La evidencia sugiere que sí. Las investigaciones con cobertura de divulgación verificable en artículos de blog, menciones en medios y presencia en redes sociales, acumulan citas académicas a una tasa superior a las que permanecen exclusivamente en repositorios de acceso restringido. La razón es estructural. La divulgación amplía el radio de personas que conocen el hallazgo, incluidos investigadores de disciplinas adyacentes que de otra forma nunca habrían llegado al paper. La visibilidad digital del hallazgo y la visibilidad académica del investigador se refuerzan mutuamente cuando la estrategia de comunicación las trabaja de forma coordinada.

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Referencias

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